Hna. Elva Arangüena, su fallecimiento. Perfil biográfico.

 

El 15 de febrero falleció en la Casa “Madre Mazzarello” de Bahía Blanca, la Hna. Elva Arangüena, publicamos a continuación su perfil, escrito por la Hna. Provincial Marta Riccioli.

 

SOR ELVA JUANA ROSA ARANGÜENA

 

Nació en Villa Mercedes (San Luis – Argentina), el 22 de abril de 1918

Profesó en Bahía Blanca – (Buenos Aires – Argentina), el 24 de enero de 1943

Pertenecía a la Inspectoría Argentina “San Francisco Javier”

 

            “Despedir a una amiga no es cosa fácil porque se ha apagado para nosotros la vida de una verdadera luz evangelizadora, profundamente consagrada por muchos años al servicio de hacer crecer el Reino de Dios entre nosotros”, así se expresaba el Coordinador del Seminario Catequístico de la Arquidiócesis de Bahía Blanca, al inicio de la Misa de Exequias de nuestra querida Hermana Elva. Y no se equivocaba: toda su vida en el Instituto la dedicó al servicio de la Palabra, ya sea como docente, ya como catequista totalmente comprometida en el servicio apostólico a nivel local, inspectorial y eclesial.

            Nació en Villa Mercedes, provincia de San Luis, hace casi cien años, primogénita de cinco hermanos. Allí cursó sus estudios primarios y secundarios, que debió interrumpir cuando su familia se trasladó a la ciudad de Chos Malal en la Provincia de Neuquén. Dios la esperaba en ese rincón cordillerano con el regalo de un llamado “imperioso”-son sus palabras- para seguirlo más de cerca en la Vida Religiosa y en la Congregación Salesiana que pudo conocer gracias al celo misionero de los Padres Antonio Currás y Marcelo Gardin.

            No fue fácil lograr la autorización paterna por lo cual a los 21 años dejó su casa y fue a Palmira (Mendoza) para concluir los estudios y desde allí insistir en seguir el llamado. A los 22 años interrumpió sin más los estudios y fue aceptada en Bahía Blanca por la Madre Angélica Sorbone que supo reconocer en ella la acción maravillosa de la gracia y la entereza y firme decisión que tenía de darse a Dios, no obstante la fuerte oposición de su padre. En 1943, ya profesa, inició en Bahía Blanca su preparación específica terminando la Escuela Normal y cursando como alumna libre la carrera de Pedagogía y Letras en la Universidad de Buenos Aires, viajando periódicamente para rendir los exámenes. En 1948 la encontramos ya en Comodoro Rivadavia, profesora sumamente apreciada y valorada por sus alumnas en el naciente secundario: “Fue la religiosa que más y mejor conoció el corazón de sus alumnas; formadora por excelencia, su palabra y su mirada inspiraban paz y seguridad”, dice una de sus exalumnas de aquellos años.

            Junto a la tarea docente desplegó ya entonces todo su celo apostólico y misionero, su interés y preocupación por la catequesis que se convirtió, en los sesenta años posteriores de su larga vida, en la obsesión de su tarea evangelizadora. En efecto, a partir de 1961, su traslado a Bahía Blanca, señaló el inicio de sus responsabilidades como Delegada para la Catequesis a nivel Inspectorial, Miembro de la Junta Catequística Arquidiocesana y de la Junta Nacional de Catequesis.  Los Documentos del Concilio en los años siguientes, la participación en el Capítulo General Especial, la movilizaron interiormente y en 1978, con la anuencia del Arzobispo, Monseñor Jorge Mayer, inició su obra cumbre: el Seminario Catequístico Diocesano en el que por más de cuarenta años, puso todas sus energías intelectuales y espirituales, su celo apostólico y su ardor misionero para la formación de los catequistas parroquiales

            “Una mujer de Dios, en su amor a Jesús y en su entrega a El; una enamorada de la catequesis entendida como clave en la misión evangelizadora de la Iglesia: una catequesis renovada, fermento de comunidades evangelizadoras y misioneras”, así la definió el actual Arzobispo Monseñor Carlos Alfonso Azpiroz en la homilía de la Misa de Exequias concelebrada con los dos Obispos eméritos y tres sacerdotes diocesanos. Su amor a Jesús fue el leit motiv que iluminó y sostuvo siempre su vida consagrada, sus relaciones fraternas, su entrega de cada día. Fue para todas muy edificante verla en sus tres últimos años, sentada en la sala de la comunidad, porque ya sus fuerzas habían declinado mucho, leyendo y meditando las obras de San Juan de la Cruz.

            No fue fácil para ella afrontar el tramo final, la cruz de la inmovilidad en su lecho de dolor, después de una caída que le provocó la fractura del fémur. Asistida con mucho cariño por las Hermanas y las enfermeras laicas, confortada con las visitas de sus colaboradores y exalumnos del Seminario y sobre todo por la comunión diaria, vivió todo un largo proceso de aceptación y de entrega en los brazos del Padre, que se prolongó por un año y medio. El rezo del Santo Rosario, del Magnificat, de frecuentes y ardientes jaculatorias, ritmaron gran parte de estos últimos meses y la prepararon al encuentro con Jesús en las primeras horas de la mañana del 15 de febrero.

            Gracias querida Hermana Elva por tu paso luminoso en nuestra Inspectoría! Pídele a María Auxiliadora renueve en cada una de nosotras el ardor apostólico y misionero que ardió siempre en tu corazón, para que muchas jóvenes sigan tus pasos, vengan y vean.   

                                                              Con afecto, Hna. Marta Riccioli  – Provincial

 

Perfil Hermana ELVA ARANGÜENA

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