Día Internacional de la Mujer

Maín,  una mujer que abrió sendas y surcos….

 

Con Petronila,   María Mazzarello había generado un tallercito de sastrería, con el simple y hondo deseo de recibir chicas, enseñarles un oficio, cuidarlas, educarlas y conocer juntas a Dios.  Ciertamente había detrás una búsqueda preventiva, educativa y trascendental, una mirada con horizontes en las jóvenes, en las chicas, en las mujeres.

 

Desde aquel “A ti te las confio” hasta hoy se ha extendido el perfume de esa mujer de temple y dulzura, de maternidad entregada, de una vida resignificada en la enfermedad, de una honda búsqueda y escucha vital y trascendental, personal, comunitaria, abierta a tantos…

 

Oración, afecto, enseñanza, tolerancia, esfuerzo, confianza, palabras de ánimo y consejo, sabiduría de la simple y profunda, paciencia, amabilidad, sentido práctico, contemplación, buen humor, misericordia, caridad delicada y atenta, firmeza, gratuidad, despedidas, comprensión, renuncias… Todas palabras que nos traen la vívida imagen de una mujer de Dios, de una mujer que supo dar pasos firmes, supo saberse acompañar, supo abrirse a sus tiempos y desafíos, supo de amistad profunda, de filialidad y maternidades.  En Mazzarello sus manos fuertes, rústicas, campestres fueron a su vez manos de suaves y cuidadas puntadas, de palmadas de ánimo… extensiones de su espíritu, de todo su ser llamado a ser de Dios para el mundo, dulce conjugación mujer íntegra, plena y entregada.

 

En ella nuestro reconocimiento a todas las mujeres que en su ser llevan huellas, miradas, cicatrices, gozos, lágrimas y callos de vida.  A todas las mujeres en todo lugar y tiempo que vivan y se encuentren llamadas, nuestro reconocimiento y oración.

M.T.D.

 

 

 

 

 

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