Celebramos los testimonios de algunos sacerdotes en ocasión de la Jornada Mundial del Buen Pastor.

Me dirijo a cada uno de Ustedes – escribe el Papa Francisco – que tantas veces, de manera desapercibida y sacrificada, en el cansancio o la fatiga, la enfermedad o la desolación, asumen la misión como servicio a Dios y a su gente e, incluso con todas las dificultades del camino, escriben las páginas más hermosas de la vida sacerdotal”. El Santo Padre recuerda que “la vocación, más que una elección nuestra, es respuesta a un llamado gratuito del Señor”. Retomando la enseñanza de un maestro de vida sacerdotal de su país natal, el Papa exhorta “a volver a esos momentos luminosos en que experimentamos el llamado del Señor a consagrar toda nuestra vida a su servicio”, a aquel “sí” crecido “en el seno de una comunidad cristiana”. “En momentos de tribulación, fragilidad, así como en los de debilidad y manifestación de nuestros límites, cuando la peor de todas las tentaciones es quedarse rumiando la desolación fragmentando la mirada, el juicio y el corazón”, es “crucial”, explica Francisco, no sólo no perder la memoria agradecida del paso del Señor por nuestra vida que nos invitó a jugárnosla por Él y por su Pueblo”. “El agradecimiento siempre es un “arma poderosa”. Sólo si somos capaces de contemplar y agradecer concretamente todos los gestos de amor, generosidad, solidaridad y confianza, así como de perdón, paciencia, aguante y compasión con los que fuimos tratados, dejaremos al Espíritu regalarnos ese aire fresco capaz de renovar (y no emparchar) nuestra vida y misión”. El Papa agradece también por ungir y anunciar a todos, «con ardor”. “Gracias por las veces en que, dejándose conmover en las entrañas, han acogido a los caídos, curado sus heridas…” “Nada urge tanto como esto: proximidad, cercanía, hacernos cercanos a la carne del hermano sufriente. (La carta de Francisco en el 160° aniversario de la muerte del Cura de Ars, dirigida a todos los sacerdotes 8/2019)

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