MARIA AUXILIADORA de nuestros tiempos

Compartimos este texto que nos ayuda a seguir reflexionando y profundizando en nuestra Mamá Auxiliadora, inspiradora de nuestros fundadores, Maín y Don Bosco.  El texto pertenece a la página oficial de las Hijas de María Auxiliadora ( www.cgfmanet.org ), les ofrecemos aquí la traducción del original.

María Mujer en los tiempos difíciles

Roma (Italia).  En tiempos particularmente difíciles para la Iglesia, Don Bosco, se hace apóstol de la devoción a la Auxiliadora.  En 1862 le confiaba a Don Cagliero:  «La Virgen quiere que la honren bajo el título de María Auxiliadora:  estos tiempos son tan tristes que tenemos necesidad de que la Virgen santísima nos ayude a conservar y defender nuestra fe cristiana» (Memorias Biográficas 7,334).  Erige en Turín la Basílica y la hace bajo su nombre, quiere que sus Hijas sean el gracias que a Ella prolongue en el tiempo, y que se difunda en todo el mundo esta devoción.

Los tiempos actuales no son muy fáciles, aunque por distintos motivos a los de los tiempos de Don Bosco, en cada época tendremos siempre necesid

audacia, para mirar al mundo actual con optimismo, y acoger positivamente sus múltiples desafíos.  Por eso, hoy más que nunca, la devoción a María, bajo el título de Auxiliadora, quiere manifestar la personal confiana en Su Presencia materna, en los sucesos de nuestra humanidad, de la Iglesia y en la historia de cada uno de nosotros.  La confianza es el lazo que nos liga a los tiempos de Don Bosco, complejos como los que estamos viviendo, para que continuemos testimoniando que la certeza de que la Auxiliadora es una madre fuerte porque está llena de ternura, es un don de consolación, de protección y de fuerza que viene de Dios!

En las vicisitudes de la existencia, pero también a través de todo el itinerario de fe, podemos encontrar en María la ayuda y la protección de la que nuestro corazón tiene necesidad.  Entre las más antiguas oraciones dedicadas a la Virgen, que Don Bosco rezaba y hacía rezar, recordamos:  «Bajo tu protección buscamos refugio, santa Madre de Dios:  no desprecies las súplicas de quienes estamos atravesando una prueba, y líbranos de todo peligro, Oh Virgen, gloriosa y bendita»

ad de una mamá, de una amiga, de una hermana, de una presencia que discretamente si ponga a nuestro lado y sea vigía para que no nos falte nunca el vino de la alegría, del coraje, de la

Escribía Don Bosco en Maravilla de la Madre de Dios, que la Auxiliadora es reconocida por la Iglesia como la Virgen de los tiempos difíciles, los tiempos en los que la Iglesia es atacada como tal, en la que los cristianos son perseguidos por ser cristianos, porque hablan con franqueza de Dios, porque testimonian que Jesús es el Señor, porque contestan las ideas corrientes, siendo signo de contradicción.

La misión materna de la Virgen lleva al Pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a aquella que es está siempre pronta a colmarlo con afecto de Madre, y con eficaz socorro de Auxiliadora.  Por eso, a menudo la invocamos como Consoladora de los afligidos, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora en la culpa;  porque Ella está libre del pecado, y a ello lleva a sus hijos:  a vencer el pecado con enérgica resolución.  Y tal liberación del pecado y del mal (cfr. Mt. 6,13) es -necesitamos reafirmarlo- la premisa necesaria para toda renovación de la vestimenta cristiana.  ¿Cómo no darnos cuenta de la actualidad de las palabras que, escritas mucho tiempo atrás, hoy continuan siendo proféticas?

 

 

mayo 24, 2016

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