Noticias de Camboya – Experiencia de servicio – Escribe Ma. Soledad Palmero

El 28 de enero nos llegaba un mail desde Comodoro Rivadavia, era de María Soledad Palmero, una joven mujer que nos comparte su experiencia en Camboya, más precisamente en la comunidad donde se encuentra nuestra Hna. Marisol Verna.  Hace diez días atrás Soledad dejaba la tierra camboyana, dejando a su vez, en parte el corazón…

Contar mi experiencia en Camboya es pedirme que describa donde quedo latiendo mi corazón. Hoy se cumplen 10 días que regrese a Argentina, pero sigo allá…

Hace exactamente un año tome la decisión de realizar este viaje, ofreciéndome para un voluntariado corto de tres semanas, dadas mis posibilidades económicas y familiares (iba a dejar a dos hijos, Antonella de 10 años y Santino de 4 años). Soy artista plástica y profesora de dibujo y pintura, y deseaba poner mis dones y mi trabajo al servicio de estas personas. Mi amiga Marisol Verna, hermana salesiana misionera en Camboya, fue mi inspiración. Venía siguiendo hace tiempo su vivencia en ese país a través de Facebook: caritas sonrientes, piecitos descalzos, manos abiertas y tanta necesidad de todo.

El 26 de Diciembre deje todo acá, consciente del largo viaje que me esperaba… 4 aviones desde
mi hogar en Rada Tilly, dejando a los míos y entregada totalmente a la maravillosa experiencia. Llevaba conmigo un bolso de mano con mi equipaje personal y 2 valijas con 60 kilos de ropa para niños que jun
te durante todo el año, con el objetivo de entregarla en los jardines de infantes en los que debía trabajar. Y partí… con un nudo en la garganta por lo que dejaba, pero con una alegría infinita en el alma por el lugar al que me dirigía.

«Personas hermosas como Marisol Verna ponen su vida al servicio de Cristo en Camboya, para limpiar todo rastro de dolor y desamor sufrido.  Oremos por nuestros misioneros y misioneras en todo el mundo.»

En Camboya me establecí en la ciudad de Battambang, al noroeste del país. En pleno invierno con 35 grados centígrados de calor, ambiente selvático y una sociedad completamente nueva. Mi función era enseñar a pintar en 5 jardines de infantes, uno en la ciudad y el resto en zonas rurales… Además debía trabajar con 80 chicas adolescentes que se alojan en la casa donde estuve viviendo y capacitar a las maestras jardineras. Quizás fue la primera vez en el ejercicio de mi profesión que sentí realmente estar abriendo un mundo nuevo a otros… pinceles, pintura, dibujos… tan usuales en otras partes del mundo pero tan desconocidos ahí. Así y todo, fue tanto lo que aprendí con esos niños, esas chicas y mujeres que todavía no puedo dimensionarlo. Recibí más de lo que pude dejar.


En Battambang mi familia en la casa fueron las hermanas Marisol, Dory (de Colombia) y Susanna (de Myanmar). Con ellas compartí momentos que atesorare en mi corazón: risas, anécdotas, charlas, canciones, paseos, oración… Ellas me mostraron, como nunca lo había visto, que el amor a Cristo se materializa en el amor a los demás. Que si Dios actúa en este mundo es a través de nuestras manos puestas al servicio del necesitado. Que la risa, la buena voluntad, el diálogo y la paciencia deben alimentar nuestros vínculos en forma permanente. Y que la alegría que nace del corazón por la entrega realizada en la jornada, no se compara con ninguna otra.

Allí también tuve el privilegio de conocer al obispo de Battambang, Enrique Figaredo o “Kike” como lo nombra con cariño la comunidad. Kike es un jesuita español que llego a Camboya en el año 1985 como misionero, en un ambiente hostil y peligroso. Su obra de amor y entrega puede verse a cada paso. Fue un honor para mí que él en persona me encargue la pintura un mural infantil destinado a una sala de cuidados para niños con enfermedades mentales, trabajo que realice con muchísima alegría.

Y por último, hace unos días alguien me pregunto: ¿Qué es lo que más te gusto de Camboya? Mi respuesta sin dudarlo fue: la gente. Hombres, mujeres y niños maravillosos, de una sociedad sobreviviente a un holocausto monstruoso que los doblego hasta hace solo 40 años. Personas que a pesar de todo cada día salen al mundo a vivir, respirar, transitar… con una sonrisa en sus labios, miradas limpias y honestas, una espiritualidad de la que deberíamos aprender y admirar.

                Que más puedo decirles… hace 10 días que regrese, aún intento ordenar mis ideas y pensamientos, entrando en mi ritmo cotidiano, mi familia y mi trabajo… ya no soy la misma. Camboya quedo en mí para siempre.

 

Soledad nos hizo llegar también una breve referencia a lo que fue el genocidio camboyano, al que refiere en su nota testimonial:

Genocidio camboyano: entre 1975 y 1979 los jemeres rojos encabezados por el dictador Pol Pot impusieron en Camboya un régimen maoísta, durante el cual fueron torturados y asesinados al menos dos millones de hombres, mujeres y niños. Su objetivo era la “purificación de la población” para crear una “raza superior”, similar a la ideología de la Alemania nazi. El total aislamiento que mantenía el país con la comunidad internacional hizo difícil mantener una observación exterior de los sucesos que estaban aconteciendo. Incluso denuncias realizadas por Amnistía Internacional fueron vistas con descreimiento. En el año 2014 fueron enjuiciados los dirigentes aun sobrevivientes por sus crímenes de lesa humanidad. El dictador Pol Pot había fallecido ya en el año 1998.

En este periodo fue destruido todo rastro de la Iglesia Católica en el país. Son 35 mártires católicos identificados, que fueron torturados y asesinados por su fe, entre los que se encontraban laicos, catequistas, misioneros y sacerdotes. En el año 2015 el Papa Francisco puso en marcha el proceso de beatificación de todos ellos.

 

Dejanos tu comentario, sugerencia o aporte